No al despilfarro de alimentos

 

Son varios los reportajes que hemos escrito en contra del despilfarro de alimentos, pero queremos volver a insistir, porque no somos conscientes de la cantidad de comida que desperdiciamos. 

En el 2013 la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (HISPACOP) avalado por el Instituto Nacional de Consumo (INC), publicó un informe en el que señalaba, entre otros datos, que el desperdicio medio por hogar (2,7 personas de media) es de 1,3 kg/semana o 76 kg/año, lo que equivale a más de medio kg de alimentos por persona y semana. Así que, según este informe, los hogares españoles tiran en un año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo ¿No son cifras escalofriantes? Con esa comida que nosotros despreciamos, podría alimentarse millones de personas que cada día se van a la cama con hambre.

Debemos hacer un examen de conciencia y proponernos seriamente tomar medidas para evitarlo y ello se consigue con planificación. 

Todo empieza al ir al supermercado, por mala previsión y por exceso de compra. Confeccionar un menú semanal y comprar en función a ese menú ha de ser nuestra primera acción.

Hacer una lista con los productos que necesitamos para el menú confeccionado y no llenar nuestra cesta de la compra dejándonos llevar por la mala costumbre que tenemos de llenar la nevera sin ton, ni son.

Fruta, pan y verduras son, por este orden, los alimentos que más se tiran en los hogares y hay que saber que con fruta muy madura se pueden hacer mermeladas o compotas, que con el pan duro aparte de tostadas se puede preparar salmorejo y que no todas las hortalizas feas están malas.

El recetario tradicional español está lleno de platos de aprovechamiento y es que nuestras abuelas eran profesionales del  “No se tira nada”. Así las croquetas nacieron del aprovechamiento de sobrar de otras comidas. El Pudin, para aprovechar el pan, o bollería endurecida. Algunos de nosotros también habremos visto alguna vez a nuestra madre, o nuestra abuela, hacer una tortilla francesa con el huevo que sobraba tras rebozar un pescado o unos filetes.

Las pieles y mondas de verduras también tienen su uso. La peladura del calabacín bien limpia, cortada en tiras, y salteada con un poco de ajo, es perfecta para acompañar un plato de carne o pescado. La parte verde del puerro, cortada a tiras finas y fritas también resulta un delicioso y crujiente acompañamiento. Las espinas de las sardinas, boquerones y anchoas rebozadas con harina y fritas, son un aperitivo de vanguardia. En resumen, hay que ser creativos en la cocina y recuperar las recetas de aprovechamiento.

Después de comprar, tenemos que asegurarnos de que los alimentos se conserven bien, por lo que evitaremos dejar al aire libre los alimentos que requieren conservación en frío, procurando guardarlos rápidamente en el frigorífico y utilizar los alimentos por orden de antigüedad, es decir, gastar primero los que hace más tiempo que hemos comprado para evitar que se les pase la fecha de caducidad o se estropeen.

Está en nuestras manos reducir el despilfarro, porque tirar comida es tirar dinero


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