La cebolla

Es un alimento tan común y habitual en nuestra despensa que quizás por ese motivo no solemos valorar sus múltiples propiedades. Se podría decir que la cebolla estimula numerosas funciones orgánicas, por ser diurética, cardiotónica e hipoglucemiante y, a su vez, posee propiedades antisépticas.

La mejor forma de aprovechar sus propiedades es comiéndola cruda ya que la mayor parte de sus propiedades terapéuticas están en las sustancias volátiles (las que nos hacen llorar cuando las cortamos) Aquellas personas que no toleran la cebolla cruda, pueden tomarla ligeramente cocida, o comer poca pero más a menudo.

Es muy diurética, por lo que está muy aconsejada cuando hay edemas, hinchazones, o cualquier problema de las vías urinarias.

Favorece la eliminación del ácido úrico, por lo que ayuda en los casos de reumatismo.

Sus minerales favorecen la elasticidad de las arterias y las mantiene libres de grasas, como el colesterol, por lo que es muy indicada en cualquier problema cardiovascular, así como para combatir la hipertensión.

Si aplicamos sobre una herida esa especie de tela fina y transparente que tiene entre capa y capa, la herida cicatrizará más pronto y reducirá el riesgo de infecciones.

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